En un jardín lleno de flores caminaba lentamente un Gran caracol orgulloso de su tamaño y experiencia en huir rápidamente de problemas. Los insectos del lugar lo saludaban con mucho respeto, reconocían su larga trayectoria en huidas y salvatajes de compañeros de aventuras. Al saludarlo, siempre acompañaban con un gesto con la mano y el dedo pulgar hacia arriba, a él le gustaba mucho esa forma de saludar; asintiendo con sus antenas y una gran sonrisa respondía. Se deslizaba por todo tipo de pasto, planta, piedritas o elementos que se le presentara en su camino. No existía nada camino que para él resultase difícil, le agradaban los desafíos. Una tarde de esas en que el sol pincela el cielo con sus matices anaranjados y las nubes toman color rojizo, el gran caracol subía hacia la copa de un árbol entusiasmado por llegar a una cereza deliciosa que durante una semana avistó saboreándose y soñando con el momento de disfrutar de ...