SAPO Y MARIPOSA ESCRIBEN
Una tarde de mucho calor, de esas en donde las flores impregnadas de tanto sol perfuman con calidez el todo y que el viento repentino sorprende. El cielo con nubes grises que corren graciosamente para despedir el día; las gotitas comienzan a caer sin parar, la lluvia se instala y cambia la tarde… agua refrescante en todo lugar, charquitos tentadores comienzan a crearse y un sapito inquieto que dormía profundamente en un pocito terroso se desierta todo húmedo. Abre sus pequeños ojos, comienza a moverse y del envión da un saltito hacia el pastito y exclama: -¡Croac! ¡Croac! ¡Linda lluviecita! ¡Llegaste! ¡Sí! Salta que te salta, disfruta empapándose en el agua, el barro, estirando su lengua y atrapa insectos sabrosos pues está muy hambriento. Bichitos distraídos… ¡ups! ¡Mmm! Y sigue saltando charquitos. Por un momento Sapito sorprendido exclama: ¡Croac! ¡Croac! -Uy! ¡Qué charco tan grande! ¡Ahí voy! Y cuando se disponí...