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Urra, la paloma sabia

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En una estación de servicio del conurbano, donde el asfalto arde y el combustible no descansa, algo insólito empezaba a suceder cuando el cielo se despejaba. Primero, una. Después, otra. Y otra más. Hasta que fueron nueve. Ocho palomas grises, con pecheras rosa fucsia que brillaban como si llevaran joyas. Y una blanca. Solo una. De plumaje limpio como tiza nueva. Ella no era la más grande, ni la más rápida, pero todos sabían: ella iniciaba el juego. Saltaban desde el piso caliente, remontaban vuelo, planeaban en círculos y caían, una por una, en los techos de la estación. No en cualquier parte. No al azar. Se alineaban. Y cada vez que el orden era alterado, la blanca se movía. Siempre al centro. Siempre la novena. Si una se distraía, si otra se adelantaba, la blanca corregía. No con gritos ni picotazos. Con presencia. Con persistencia. Era ella quien daba la señal: un giro del ala, un sacudón de plumas, y todas volvían a despegar. El juego se repetía. De techo a...

Una sombra divertida

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 Una sombra jugaba en la ventana, se estiraba, saludaba, subía, bajaba, se ensanchaba y achicaba. Con el viento bailaba y también era estatua. Esa sombra llegaba por las tardes, en verano y por las mañanas, en invierno. A veces no llegaba y faltaba, yo la esperaba pero nada. Ella tenía sus asuntos y yo no preguntaba.  Me alegraba verla disfrutar de su estadía. Era ella la sombra más linda. Múltiples formas tomaba; estrella, flor, nube, helado, manzana, pelota, mariposa y hasta en corazón. Si precisamente eso llamado "creatividad” la caracterizaba. Una sombra fascinante. Una mañana de mucho viento, fría y gris anunciaba  una gran tormenta que trajo mucha lluvia y destrucción; techos, nidos, antenas, árboles y plantas. Desde ese día no volví a ver a la sombra que alegre me acompañaba. Espere y espero cada día su regreso ¿Qué será de ella? ¿Por dónde andará? regalando piruetas, sorprendiendo a la vida y dibujando al azar. © Viviana Vélez  todos los derechos ...

¡Piedra libre!

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Un pulpito se escondió, el cangrejo lo buscó.  La estrellita divertida, Lo descubrió por sus risas. -¡Piedra libre! afirmó  Y el cangrejo se enojó  Pulpito inquieto, rió   Y corriendo escapó. -¿Quién me atrapa?  Con picardía desafió. Cangrejo y estrellita, dijeron a una voz; - te atraparemos! Corre, corre, veloz. © Viviana Vélez  todos los derechos reservados