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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento corto

Ojos sin color

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Era una noche oscura, llovía intensamente en las calles de la gran ciudad, la gente corría para resguardarse de la tormenta. Los paraguas, pilotos y botas, protagonistas de la lluvia bravía. Un hombre con semblante cabizbajo caminaba lentamente junto a su perro marrón, grande y medio rengo siguiendo el paso del andar de su compañero de vida. Sin prisa y como rutina diaria la marcha, no reparaba en la lluvia fría que repiqueteaba en sus cuerpos sólo recubiertos por ropas y pelos; sin paraguas, bolsas o cartones que se improvisan como reparo ante el agua. Los truenos y relámpagos aumentaban tras el tiempo su intensidad y entenebrecían el cierre del día, junto a luces titilantes en aquel cielo ciudad brillaban de nostalgia como estrellas fugaces. De pronto el hombre junto al perro detuvieron su andar, el semáforo daba paso a los autos en un denso tráfico, circulaban sin cesar. Cuando cambio la luz y permitió el avance a los peatones, el hombre detuvo su mirada en un auto negro con adornos...

Cuando sale la luna, las estrellas guiñan sus ojos

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Cada noche, cuando las lechuzas y búhos comienzan a chistar, los grillos y sapitos al unísono dispersan sus creativas melodías; suceden muchas situaciones mágicas y sorprendentes en el  bosque del Medio.  Todos los seres que viven allí no duermen, esperan sigilosos la salida de las estrellas y la luna. Ellas  son las primeras en estrenar el cielo y pintarlo con mucho brillo.   Cuándo sucede…las estrellas se guiñan los ojos entre sí; y sonríen plenamente…  ¡La mágica noche ha comenzado!...la luna blanca y radiante ilumina todo…hasta el alma del Bosque  del Medio.  Los árboles, las plantas y la brisa suave comparten historias… en los arroyos que recorren  inquietamente el bosque del Medio, los peces saltan alegres al ritmo de las luces incandescentes de  las luciérnagas del lugar…ellas danzan sobre el agua y disfrutan de la esencia lunar.  Salen todos los insectos a contemplar la fabulosa sensación de la noche brillante del bosque del...

Una sombra divertida

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 Una sombra jugaba en la ventana, se estiraba, saludaba, subía, bajaba, se ensanchaba y achicaba. Con el viento bailaba y también era estatua. Esa sombra llegaba por las tardes, en verano y por las mañanas, en invierno. A veces no llegaba y faltaba, yo la esperaba pero nada. Ella tenía sus asuntos y yo no preguntaba.  Me alegraba verla disfrutar de su estadía. Era ella la sombra más linda. Múltiples formas tomaba; estrella, flor, nube, helado, manzana, pelota, mariposa y hasta en corazón. Si precisamente eso llamado "creatividad” la caracterizaba. Una sombra fascinante. Una mañana de mucho viento, fría y gris anunciaba  una gran tormenta que trajo mucha lluvia y destrucción; techos, nidos, antenas, árboles y plantas. Desde ese día no volví a ver a la sombra que alegre me acompañaba. Espere y espero cada día su regreso ¿Qué será de ella? ¿Por dónde andará? regalando piruetas, sorprendiendo a la vida y dibujando al azar. © Viviana Vélez  todos los derechos ...

LUZ DE SOL, SUNSHINE

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Aquella mujer, anciana de cabello largos y blancos, semblante dorado, ojos color miel, caminaba lentamente por la playa en un bellísimo atardecer de verano. Al  andar,  el viento suave flameaba su túnica amarilla acariciando su cuerpo.  Por un instante detuvo su marcha frente al mar, alzó su mirada al horizonte, en una suerte de complicidad con la bravura y serenidad del mar. Sus ojos eran olas de mar… Sus manos y brazos se extendieron hacia el cielo, con su mirada se encontró con el sol radiante y abrió aún más sus ojos. Inspiro profundamente, fijando su vista al inmenso horizonte pincelado de amarillos y naranjas, fusionados con celeste, azul y blanco del mar; bajo lentamente sus brazos y se sentó a la orilla de la playa, con sus piernas estiradas, que acariciaban  las pequeñas olas que iban y volvían como los tic-tac de un reloj, aquel que marca el sin fin de los tiempos de relax y reflexión, tiempos que la vida regala de múltiples modos. Aquella ancia...

EL CANTO DE DAZNIR

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Cuando el sol en la isla Rutina comenzaba a pincelar  el atardecer, las nubes y el viento en complicidad componían una  incomparable  obra plástica. Allí las aves volaban libre por cada rincón como digitadas por un gran lápiz de recorrido imaginario. La hora precisa en la que se oía una mágica y envolvente melodía  de un ave que no dejaba verse; se percibía una fusión de llamado con tonos relajantes que sobresalían de todos los demás cantos de los pájaros. Rutina una isla donde todo tenía un orden y horario: siete cascadas que brotaban agua en tres momentos del día, las aves de siete  diferentes especies con colores distintos, peces de 7 tamaños, árboles y plantas crecían en siete lugares. Para aquella ave misteriosa Rutina era todo un desafío, adoraba volar, como descubrir cada día lo inesperado y sorprendentemente que traía cada momento: los colores, aromas, destellos del sol, juegos de los animales, la brisa, la lluvia, las nubes inquietas. Motivo...