Ojos sin color
Era una noche oscura, llovía intensamente en las calles de la gran ciudad, la gente corría para resguardarse de la tormenta. Los paraguas, pilotos y botas, protagonistas de la lluvia bravía. Un hombre con semblante cabizbajo caminaba lentamente junto a su perro marrón, grande y medio rengo siguiendo el paso del andar de su compañero de vida. Sin prisa y como rutina diaria la marcha, no reparaba en la lluvia fría que repiqueteaba en sus cuerpos sólo recubiertos por ropas y pelos; sin paraguas, bolsas o cartones que se improvisan como reparo ante el agua. Los truenos y relámpagos aumentaban tras el tiempo su intensidad y entenebrecían el cierre del día, junto a luces titilantes en aquel cielo ciudad brillaban de nostalgia como estrellas fugaces. De pronto el hombre junto al perro detuvieron su andar, el semáforo daba paso a los autos en un denso tráfico, circulaban sin cesar. Cuando cambio la luz y permitió el avance a los peatones, el hombre detuvo su mirada en un auto negro con adornos...