LA ESTRELLA QUE SE REIA DE SI MISMA

Cierto día una estrella que brillaba intensamente en el cielo azul de una ciudad cualquiera, se  descubrió en el reflejo del mar… 

Cada noche como perfecta rutina, se contemplaba en el mar y orgullosa improvisaba muecas  diferentes con su cara...-¡Jajajaja!...ahora ¡cara de enojada!....qué divertido!.. jejeje!...carita de  asombro!....jijiji! ojitos chinos!...jojojo! cara de osoooo! Jujuju!...cara de susto!...y así cada noche  creaba juegos y muchas risas con su reflejo en el gran mar… 

Tanto se divertía y sus risas se dispersaban en el silencio de la noche…que al reír, destellos  luminosos salían de sí y tanto resplandor continuo despertó la curiosidad de las demás estrellitas del  lugar. Comenzaron a observarla con muchísima atención… 



Decían:-¿Qué hace que despliega tanta alegría? ¿Cómo puede reír tanto estando sola? … 

Todas pensaban y murmuraban… ¿Qué será que la divierte tanto…qué le provoca emoción y  alegría? Sin embargo ninguna de las estrellas se atrevía a preguntarle. Sólo la miraban…e  inevitablemente se contagiaban de sus risas, comenzaron a imitarla y disfrutaban la  alegría…sonaban risas como ecos sin fin… 

Fue así como cada noche en aquella ciudad cualquiera, con el mar de testigo; los peces también  afectados por tantas risas y alegría desbordante…comenzaron a saltar para curiosear que  sucedía allá arriba...en el cielo. Preguntaban:-¿de dónde vienen tantas risas? ¿Qué está pasando…?  ¿Esta música es tarantela?…escuchen… Y sí efectivamente las risas eran tan armoniosas que  sonaba a tarantela. 

Jajajaja!-jejejeje!-jijijiji!-jojojojo!-jujujujuuuuu! Y así…causaba mucha emoción…alegría y ganas de  danzar!...los peces, las estrellas de mar, los pulpos, las caracolas, y todos los seres que tenían vida ,  eran invadidos por esta melodía mágica de felicidad; saltaban y se balanceaban al ritmo musical…el  impulso era tan fuerte que no tenía límites hasta el amanecer...Las noches habían cambiado en esa  ciudad cualquiera…ya no eran las mismas. 

La tarantela celestial de una estrella única y ocurrente transforma a cualquiera que visita esa  ciudad. Tan sólo basta escuchar… que el cuerpo solito comienza ¡a danzar!... 

Viviana Cristina Vélez © todos los derechos reservados




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