ROSITA EN PROBLEMAS


Atardecía en el mar de juegos; peces, cangrejos, focas, caballitos  y todo tipo de animales marinos disfrutaban de las últimas horas de una tarde cálida, tranquila y soleada.

Mientras tanto, en el fondo del mar…

Rosita, una pulpita  jugaba: hacia piruetas, volteretas y en especial girar a modo de un remolino, eso le encantaba, se divertía mucho.

Sucedió, de pronto que al pasar por entre rocas y  arrecifes de corales, uno de sus tentáculos quedó atascado en un coral.

--Uh! Pero ¿qué pasa? Mmm! Estoy  atrapada! Decía Rosita. Cuando escuchó:

--Buenas tardes! Rosita,  saludó al unísono la familia Delfín, Rosita saludó levantando dos tentáculos. Ellos  pasaban de camino a su casa y nadaban rápido y así se fueron. 

Allí siguió Rosita intentando sacar su tentáculo atascado en ese laberinto que formaba el coral, El tiempo transcurría, los rayos del sol cada vez eran menos.  De pronto  un suave movimiento del agua trajo  tres rayas blancas, al parecer   iban de paso.  Nadando despacio, concentradas y muy serias que,  no se dieron cuenta que había allí entre los corales, una pulpita en problemas.

__será posible que no pueda ¿salir de aquí? Y Rosita  volvía a insistir con fuertes movimientos para poder liberarse. --Fuerte para arriba, para abajo! Sacudiendo sus otros tentáculos  y  nada de nada. Seguía atrapada. 

--Vamos pequeñitas! Apuren la marcha!  Decía Mamá Caracola. Rosita asombrada las miraba pasar, por un instante pensó en… pero no iba a detenerlas y mejor trataré de solucionarlo solita.

Así pasaron lentamente las tres caracolas, ninguna notó que una pulpita en el arrecife de corales, estaba en problemas.

--Uy! Se está oscureciendo, tengo que Salir ¡de acá! se dijo Rosita bastante preocupada, mientras sacudía su cuerpo con ímpetu. 

-- Cangrejito, cangrejito, siempre de costado, viene y va

Cangrejito. Cantaba, avanzando sobre la arena Alejo el cangrejo.

--Cangrejito de coral! remató sonriendo Rosita; su amigo había llegado justo a tiempo.

--Rosi, es tarde para seguir jugando aquí, ¡vamos a casa! afirmó Alejo, el cangrejo. Eran amigos desde hacía mucho tiempo, compartían casi todos los momentos del día. 

Rosita, se tiñó de negro el agua, estaba tan triste. Entonces  le contó porqué aún estaba allí y rápidamente Alejo, con sus patas de pinzas cortó las algas que estaban enganchadas en aquel coral y retenían uno de los tentáculos de la pulpita.

-Libre! si! Por fin! muchas gracias! Alejo, cangrejito de coral, mi gran amigo. Exclamó con alegría Rosita.

Había llegado la noche y juntos Rosita, la pulpita  y Alejo, el cangrejo se fueron al muelle cercano, allí estaban sus casas. Sus familias estarían preparando la cena y en uno de esos hogares habría un invitado.

©Viviana Vélez todos los derechos reservados 


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