Escribir: donde el decir comienza
Escena de cuidado silencioso
Hay días en los que la escritura pasa por otros caminos. Sucede en ese territorio sutil donde alguien habla y otro decide, verdaderamente, escuchar.
Y en ese reconocimiento aparece una primera claridad: lo que parecía un nudo comienza a aflojarse. Nadie lo desata, pero al ser escuchado, deja de apretar.
Hay una potencia silenciosa en la escucha.
La escucha habilita sin invadir, acompaña sin imponer, sostiene sin dirigir.
Abre una puerta interna, una posibilidad de mirarse distinto, nombrar lo que antes era apenas una sensación difusa.
Tal vez por eso pienso que escuchar también es una forma de escribir.
Una escritura compartida, que sucede con el otro; deja huella invisible y transforma. Devuelve algo esencial: la propia voz.
Y cuando una voz vuelve a sí misma, aunque sea apenas, ya se ha movido de lugar.
Los cuadernos permanecen cerrados,
las palabras todavía buscan su forma. Y sin embargo, algo se escribe.
Escuchar con atención y empatía implica correrse del centro, suspender las propias urgencias y crear espacio. Lugar para lo que llega desordenado, para lo que duele,
para lo que aún carece de forma. En ese espacio, algo empieza a transformarse.
La palabra, cuando encuentra un cauce sin interrupciones ni juicios, se acomoda.
Respira. Se reconoce.
Viviana Vélez © todos los derechos reservados
